
Las
Navidades tocan a su fin. Realmente, mis temores estaban fundados: estas épocas me alteran inexorablemente. Algo parecido me suele ocurrir en Semana Santa. No sé si será una subsconsciente aversión a festejar celebraciones cristianas. No... Podría ser, pero no creo que sea eso. Como me temía, me he comido el tarro bastante durante estas fechas...
No obstante, ha habido muchos buenos momentos. Bastantes. Entre ellos, por supuesto, los pasados junto a mi gran amigo Bamboo, de cuya compañía por desgracia solo disfruto en ocasiones señaladas. De estas Navidades entre otras cosas recordaré el improvisado festival de
cine psicotrópico que nos hemos montado. Ha durado tres días. Bueno, más bien tres noches. Y el cartel fue: "Tomates verdes fritos", "Carretera Perdida" y "Cabeza Borradora". Así pues, la cosa derivó en un mini-ciclo
David Lynch: paranoia total, la peli más extraña que jamás he visto...
He de decir que me sorprendió gratamente mi denostado
Papa Noel. Me trajo una manta, cosida a mano, formada por numerosos retales en forma de cuadritos cual mosaico romano, hecha expresamente para mí por mi tía. La manta tiene mucho tiempo de trabajo. Es un auténtico regalazo. Será mi fiel compañera en estos meses.
También me quedo con la
partida de mus con mis compis de facultad. Me gustó mucho. No hubo puritos, pero disfruté igualmente diciendo, con ojos entrecerrados y boca torcida con aire misterioso, las frases típicas: "No, no voy" o... "Veo tus 2 y subo 2 más..." Es que me flipa meterme en el papel... En realidad, no dije esas palabras exactamente. Se enfadan si no utilizo la
terminología musera: "envido", "dos más", "órdago"...
Y bueno, luego está
Nochevieja. Este año tocaba "fiesta rural", porque vamos alternando año rural/año urbano, y celebramos la Nochevieja en un pueblecito de Las Alpujarras granadinas llamado
Pórtugos, en plena sierra. La verdad es que fue una fiesta increíble. Hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien: un ciego cósmico con todos los amigos y amigas de siempre, con invitados foráneos y algún que otro extra-autóctono. Fue una verdadera locura que no terminó hasta las 12 de la manaña. Lo cierto es que, aunque los recuerdos son borrosos, esa fiesta me podría dar para escribir varios post o, mejor, varios blogs, porque no veas...puff puff. Pero
esa es otra historia y será contada en otra ocasión...
A la espera de la llegada de sus Majestades, me dejo bastantes cosas en el tintero, pero quería ir retomando poco a poco el contacto con el blog y el gusto por la escritura que por un tiempecito he dejado aparcado... ¡Que los Reyes os traigan lo que hayais pedido! ¡Puedo dar fe de que todos habéis sido muy buenos!
Ilustración: Chiho aoshima